Antes que nada, un cordial saludo y un deseo de prosperidad
para este nuevo año que comienza y que ya va como por la mitad. Llevaba algún
tiempo sin postear por estos lares, pero culpen a la época decembrina y a la
pausa activa que provoca el mes de enero, el mes más “divertido” del año. Pero
bueno, comencemos con lo puntual, Sherlock
Holmes: juego de sombras, la segunda parte de la “adecuada” adaptación
hecha por el director Guy Ritchie y protagonizada por Robert Downey Jr. y Jude
Law.
Era de esperarse que llegara una segunda de una primera parte
bien entretenida y con un montaje visual digno y conocido de su director, por
momentos se llega a recordar su trabajo en Snatch:
cerdos y diamantes y por supuesto Aces
Calientes. El papel del analítico y preciso detective, paranoico y
excéntrico es el tipo de personajes que encajan perfectamente en la persona de
Downey Jr. Es como si los guionistas desarrollaran específicamente estos roles
pensando en don Robert, además la dupla formada con Jude Law rinde sus frutos.
Los datos arrojados hasta ahora en la taquilla mundial no
superan lo hecho hace un año con la primera película, pero tampoco son sumas
despreciables, teniendo en cuenta que ya sobrepasó los 200 millones US$ ya se
habla de una tercera (¿alguien lo duda?). En juego de sombras destaca la rivalidad del detective Holmes con el
que siempre fue su archirrival en las novelas de Sir Conan Doyle, el aclamado
pero temerario Profesor Moriarti, un genio matemático y científico que solo
podría jactarse de igualar o inclusive superar a su contraparte, Holmes. Una
rivalidad que Ritchie supo plantear en pantalla, una lucha de intelectos que
poca necesidad tenía de llevarse reducida a los golpes, pero que por el tono action man del film vio la penuria de
este encuentro hollywoodense. Sin embargo, es un detalle minúsculo que no le
resta valor al producto crispetero.
